
Quiero compartir este artículo de Paty May que me interpretó profundamente. Me parece sabio, revelador y sanador para estos momentos de crisis.
El Despertador
El terremoto es manifestación de una inmensa dinámica vital que para los seres humanos cobra una dimensión dramática, dolorosa y destructiva, y eso, que tanto nos ha dolido y angustiado, constituye al mismo tiempo una gran oportunidad.
Aún cuando no nos guste recordarlo y en nuestra cultura tendamos a reprimirlo y olvidarlo, la disolución y la destrucción son parte del proceso universal, planetario, histórico, social y personal puesto que no se puede construir algo nuevo si no se disuelve el estado anterior, y es integrado en un orden más complejo, rico y amplio… muere la flor y nace el fruto, muere el niño y nace el adolescente, muere la cáscara y nace la semilla, muere el cuerpo y queda la Conciencia Pura.

Muerte y nacimiento estarán siempre presentes sucediéndose uno al otro, la transformación es inevitable y ella supone disolución y construcción, una y otra vez, esto es parte del modo en que opera el universo, Cosmos y Caos; Cosmos estabilizando, ordenando, armonizando, Caos estimulando las rupturas de los órdenes anquilosados, del cual surgen nuevos estados, más complejos, ricos y diversos, como si toda la manifestación, desde las estructuras moleculares, los seres vivos y la conciencia humana necesitaran ser removidos, sacados de su espacio de comodidad y estabilidad para generar búsqueda de nuevas posibilidades y formas de expresión, como si todo ser necesitara ser removido para salir de su acomodación y expresar su potencialidad en mayor intensidad…. Y no cabe duda, los límites invisibles que la cultura y sociedad del consumo, el carrete, la codicia y la carrera interminable por “más y más” impone a quienes se dejan atrapar por ella; es estrecha y atenta contra la manifestación del Alma humana, con su enorme potencialidad de amor, creatividad, sabiduría, paz.
Cuando superamos el primer momento traumático, la crisis y el caos son una puerta abierta a la evolución, al cambio, a la reflexión, a la reformulación, no sólo de los procedimientos concretos ante una catástrofe o de la reparación de la infraestructura, sino que también, y fundamentalmente, la oportunidad de transmutar la conciencia humana.
Por ello, el desafío no es re-construir, en las mismas bases y cimientos que antes, sino que crear algo nuevo, que integre los aspectos valiosos de lo anterior y que se libere de aquello que generó negatividad, oscuridad, prisión; ésa es la gran oportunidad que ofrece toda gran mutación. La reflexión para las personas y comunidades que despiertan a vivir una vida consciente tiene que ver con qué necesitamos destruir, dejar atrás, para no crear más de lo mismo cuando salgamos de la crisis, para no volver a levantar las mismas estructuras de individualismo, consumismo ansioso, automatismo, agresividad en esta cultura del estrés de correr incesantemente tras logros de apariencia y status económico.

Los procesos destructivos inesperados y de gran fuerza son como una gran bofetada y su valor puede ser despertarnos, permitirnos ver lo que no veíamos en medio de la hipnosis colectiva, cuestionarnos nuestro sentido de vida, fines y medios. Replantearnos lo que es importante y lo que es accesorio y volver a levantarnos de otra manera en otras bases, cimientos y sentido.
Patricia May U.




