jueves, 5 de enero de 2012

La tía Paulette y las familias de verdad...

Murió la mamá de los Chadwick, la mamá de la M.Paule,  mi amiga de infancia.
“Ven Amada mia”, cantaron de inicio, ese trozo  del Cantar de los Cantares que me emociona y me recuerda también la despedida de mi madre. Estamos en una etapa que nos toca despedir a los padres…y nos pasan cosas.

Pero este no  fue un funeral más. Me conmovió su muerte, su misa, porque la Paulette  era  un símbolo, un símbolo de algo que nos viene haciendo falta hace un tiempo, como personas, como país.

Primero me llevó a mi infancia. Si, recordé  mi infancia con esa familia inmensa, entretenida ; esa casa del barrio El Golf llena de vida, abierta a todos y donde  pasaba de todo. Desde una de las primeras casas donde llegó la TV para el mundial del 62,  a los primeros “bailoteos” entre hermanos, amigos y primos. Niños que subíamos y bajábamos escaleras, alegres, inquietos;  el tercer piso donde dormían las mujeres y compartíamos secretos; esa mesa enorme, al menos así la sentía, siempre puesta y abierta para el que estuviera…. Era pura vida desplegándose… 

Una familia donde había espacio para todos, donde grandes y chicos crecían con alegría, con humanidad, con desorden . Ahí “nos”  fuimos haciendo personas, al amparo de un padre serio, poderoso pero bondadoso, que hablaba poco y observaba todo, sin decir pero diciendo y dejándolo todo claro y esa mamá maravillosa, gran compañera de su marido, pero fundamentalmente madre, una madre sonriente, generosa en el afecto, a sus hijos y al que llegara, atenta, escuchadora y bien dispuesta para acoger la vida ….

Así era la tía Paulette…
Y así se fueron nutriendo y creciendo estos hijos. Cada uno   tomando sus rumbos bajo la mirada respetuosa y acogedora de todos… y se transformaron en una gran familia, una familia arquetípica, donde el amor, el respeto y la aceptación de la diversidad pareció ser lo esencial. Profundamente abundante,  creativa y humana , donde cada uno fue haciendo su vida y creando más vida.   

Sólo en ese clima podían crecer y convivir hasta hoy, los hermanos que optaron por los caminos de derecha y ultra derecha, con los que tuvieron que vivir el exilio; los artistas con los intelectuales, los sencillos con los sofisticados o el nieto que dirige The Clinic con la nieta a cargo de las comunicaciones del gobierno. Solo desde ahí, en su misa de despedida, podían también compartir, el tío Bernardino, querido y respetado obispo, con su sobrino Miguel , esta vez peinado, respetuoso y conmovido, cantando Gracias a la Vida a su tía y madrina.

Ese fue el gran espíritu que imprimió la  Paulette. Con ella siempre todo era abrazado y  posible…En esa familia, todo parece caber, todo está bien, se acepta y se integra con respeto, con inteligencia y también con una gran cuota de humor… Si, esa creo que también ha sido una gran clave.

Yo miraba y vivía esa familia y me encantaba . No me tocó una familia así,  porque fui regalada en otros sentidos, pero tuve la suerte de poderla vivir y conocer de la riqueza de esas formas de convivencia. Aunque ya después los veía poco,  sentí que ese sello permaneció hasta hoy. Paulette magnífica con su moño y su pelo blanco, ya  viuda y de más años, mantuvo  el espíritu,  la sonrisa y la casa abierta para que los nietos y bisnietos siguieran la senda.

Gran familia, pero grande de verdad. No me refiero a una apología “beata” de esas familias pseudo- virtuosas  que abundan en la clase alta chilena,  donde todo aparenta estar bien y nada se habla. No, la familia de la tia Paulette ha sido  una familia donde pasan cosas, donde hay diferencias, donde se habla y se discute, donde hay posturas, peleas y reconciliaciones, porque ahí  se aprendió a vivir la vida apasionadamente y de verdad, asi lo ha demostrado cada uno/a en lo que es y hace, se aprendió a vivir  y  a ejercer la libertad de ser, de pensar y de amar.

Hoy sentí que se moría una parte de mi infancia, pero también sentí  con la muerte de  Paulette, que  moría una parte de Chile, de ese Chile donde crecimos, donde se vivía con más alegría, con más respeto,  donde todo cabía y convivía, aceptando y aprendiendo de  las diferencias, pero  sobretodo se vivía con  sencillez , humor y más humanidad.

Ojalá que la  familia que deja nos siga regalando y contagiando con ese espíritu con que fueron nutridos desde niños.

Bella tía Paulette,  generosa y sabia Matriarca, gracias por haber podido compartirte y recibirte en esos años de infancia… intentaré no olvidar lo que aprendí de ti .
C.